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FMI: replantearse el control del riesgo sistémico mundial

Posted by benjamin-nicolau en marzo 9, 2009

FMI : replantearse el control del riesgo sistémico mundial

 

Ni la disciplina del mercado ni la regulación financiera se mantuvieron a la par del avance de la innovación y del aumento del apalancamiento

Las políticas macroeconómicas no lograron responder a la acumulación de riesgos

sistémicos

Se necesitan iniciativas internacionales para detectar y enfrentar el riesgo mundial

sistémico

 

 

En el primer estudio exhaustivo de su tipo, el FMI hace un balance de las primeras lecciones extraídas de la crisis financiera mundial e insta a replantearse, a escala internacional, la manera de controlar el riesgo sistémico. “Más allá de quién haya tenido la culpa de la crisis, corresponde preguntarse por qué las autoridades no neutralizaron el peligro en ciernes”, puntualiza el informe. “Si hay un hecho común a todas estas lecciones es que nunca se resolvió la fragmentación”.

 

El estudio —solicitado originalmente por el Comité Monetario y Financiero Internacional,

encargado de guiar las políticas del FMI— informará la labor del Grupo de los Veinte (G-20),

a través del cual las principales economías buscan elaborar un programa para reformar la

regulación financiera e imprimir más eficacia a instituciones financieras internacionales como

el FMI y el Banco Mundial. Los líderes del G-20 se reunirán en Londres el 2 de abril

próximo. Al debatir el análisis preparado por el personal técnico, el Directorio Ejecutivo del

FMI hizo hincapié en “la necesidad de medidas correctivas en una amplia variedad de flancos

y a muchos niveles, lo cual implicaría un programa de trabajo ambicioso por parte de las

autoridades y una necesidad de acción coordinada”.

 

Los orígenes de la crisis

 

Para restablecer la estabilidad de la economía mundial, que atraviesa la peor recesión desde la

segunda guerra mundial, es fundamental comprender qué ocurrió. “Una falla clave durante el

boom fue la incapacidad de reconocer la amenaza que significaba para todo el sistema la

formación de una burbuja de precios de los activos. Concentrada cada una en su parte del

problema, las autoridades perdieron la visión de conjunto”, observó Reza Moghadam, jefe del

Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación del FMI.

 

Según el análisis del FMI, se produjeron fallas en tres niveles distintos:

 

Los reguladores del sector financiero no estaban equipados para detectar las

concentraciones del riesgo ni los incentivos distorsionados detrás del auge de innovación

 

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financiera. Ni la disciplina del mercado ni la regulación lograron contener los riesgos que

se estaban acumulando desde hacía años, generados por la rápida innovación y un

apalancamiento cada vez más pronunciado.

Las autoridades no tuvieron en cuenta los crecientes desequilibrios macroeconómicos que

contribuyeron a la acumulación de riesgos sistémicos en el sistema financiero y los

mercados de la vivienda. Los bancos centrales se concentraron más que nada en la

inflación, no en los riesgos vinculados al avance de los precios de los activos y al aumento

del apalancamiento. Los supervisores financieros, por su parte, tenían la atención puesta

en el sector bancario formal, no en los riesgos cada vez mayores del sistema financiero

paralelo.

Las instituciones financieras internacionales no lograron promover una cooperación firme

a nivel internacional, lo cual dificultó aún más la detección de las crecientes

vulnerabilidades y vinculaciones transfronterizas.

La regulación ligera no detectó el riesgo

 

De acuerdo con el estudio del FMI sobre la regulación financiera, el sistema financiero se

amplió vertiginosamente durante la década pasada y creó instrumentos que parecían ofrecer

una rentabilidad más elevada con menos riesgo. Uno de los factores que promovió esa

evolución fue la creencia generalizada en un régimen de regulación ligera, que partía de dos

premisas: la disciplina del mercado coartaría un comportamiento irresponsable y la

innovación financiera no concentraba el riesgo, sino que lo dispersaba.

 

Ambas premisas resultaron erradas, y la consecuencia fue una burbuja gigantesca de precios

de los activos, especialmente en el sector de la vivienda, y una enorme acumulación de

riesgos, tanto dentro como fuera del sistema bancario formal. “Lo que puso en claro la crisis

fue la necesidad de ampliar el perímetro de regulación para incluir las instituciones y los

mercados sistémicos que operaban fuera del campo de visión de los reguladores y los

supervisores”, explicó Jaime Caruana, jefe del Departamento de Mercados Monetarios y de

Capital del FMI. “Lo que proponemos es un doble enfoque para ampliar la regulación:

primero, extender la divulgación y suministrar a los supervisores suficientes datos para

determinar qué instituciones, a causa de su tamaño o de sus vinculaciones, pueden generar un

riesgo sistémico, y segundo, intensificar la regulación y supervisión funcional”.

 

El estudio identifica cinco fallas críticas que es necesario solucionar:

 

Primero, es necesario ampliar el perímetro —o sea, el alcance— de la regulación de

modo que incluya todas las actividades que plantean riesgos para la economía en su

conjunto. La regulación también debe conservar la flexibilidad para poder mantenerse al

corriente de la innovación financiera, y debe concentrarse en actividades, no en

instituciones. Se debe impedir la concentración de riesgos fuera del perímetro regulatorio.

Un primer paso importante sería dejar en claro el mandato para la supervisión de la

estabilidad sistémica.

 

 

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Segundo, es necesario fortalecer la disciplina del mercado. Muchos observadores

criticaron las fallas de las calificadoras de riesgo a la hora de evaluar debidamente el

riesgo, y ya se encuentran en marcha iniciativas para reducir los conflictos de interés y

mejorar la diligencia debida brindada a los inversionistas. Además, convendría aligerar el

vínculo entre las calificaciones y las reglas prudenciales, e instituir una escala diferenciada

para los productos estructurados. Además, la resolución de bancos sistémicos debería

incluir mecanismos que activen a tiempo la intervención y disposiciones más previsibles

sobre la participación en las pérdidas.

Tercero, es necesario moderar la prociclicidad de los regímenes regulatorios y

contables. Al incrementar el nivel de capitalización que se les exige durante las

expansiones, los bancos tendrían fondos a los cuales podrían recurrir durante una

desaceleración. Se necesita un marco internacional para la constitución de reservas

inspirado en las pérdidas previstas a lo largo del ciclo económico, no en las sufridas en el

período precedente. Los supervisores también deben evaluar periódicamente los planes de

remuneración y cerciorarse de que no incentiven una toma excesiva de riesgos. Por

último, hay razones sólidas para afianzar las reglas contables reconociendo que la

valoración incorrecta puede ocurrir tanto durante las buenas como las malas épocas.

Cuarto, es necesario eliminar las lagunas en la información. Habrá que promover la

transparencia de la valoración de instrumentos financieros complejos. Además, los

reguladores podrán efectuar agregaciones y evaluaciones de los riesgos para el sistema en

su conjunto si disponen de datos más fidedignos sobre las transacciones fuera de mercado

y la exposición fuera del balance. Esas medidas también fomentarían la disciplina del

mercado.

Por último, los bancos centrales deben fortalecer los marcos de suministro de liquidez

sistémica. Asimismo, debe reforzarse la infraestructura que sustenta los principales

mercados de dinero.

Las políticas macroeconómicas no tuvieron en cuenta los riesgos sistémicos

La crisis estuvo precedida por un largo período de crecimiento mundial vigoroso y tasas de

interés bajas. Eso alentó a los inversionistas a buscar rentabilidades más altas y estimuló la

demanda de productos más riesgosos gracias a la innovación financiera. “El origen de la crisis

fue un optimismo nacido de un largo período de prosperidad. Ese optimismo generó riesgos

en la economía mundial que no se evaluaron con la atención debida”, afirmó Olivier

Blanchard, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios del FMI. “Sumada

a las grandes fallas de la regulación y la supervisión, la situación estimuló un fuerte grado de

apalancamiento y acumulación de activos riesgosos”.

 

Aunque ni la política fiscal ni la política monetaria desempeñaron un papel importante en el

período anterior a la crisis, se pueden extraer varias lecciones a nivel macroeconómico.

 

Primero, la política monetaria debe responder frente a la acumulación de riesgos

sistémicos. Las autoridades deben concentrarse en la estabilidad macrofinanciera y prestar

más atención a la acumulación de riesgos sistémicos. Obviamente, es difícil detectar una

burbuja incipiente y luego decidir cómo reaccionar. En la mayoría de los casos, la política

 

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monetaria es un instrumento demasiado tosco para lidiar con los booms de crédito y de

precios de los activos; la solución radica principalmente en la regulación prudencial. Pero

esa primera línea de defensa fracasó en otras ocasiones, y volvió a fracasar en esta crisis.

Por ende, hay razones para ampliar el mandato de la política monetaria e incluir

explícitamente la estabilidad macrofinanciera, no solo la estabilidad de precios.

Segundo, la política fiscal debe ser más sólida en las épocas de prosperidad. Aunque la

política fiscal no tuvo una influencia profunda en vísperas de la crisis, muchos países no

recortaron ni la deuda pública ni los déficits durante las épocas de prosperidad. En

consecuencia, ahora disponen de capacidad limitada para superar la crisis mediante el

estímulo. La política tributaria también fomentó el financiamiento mediante

endeudamiento en los últimos años. La modificación de esas reglas tributarias aportaría

sus beneficios. El FMI elaboró un análisis minucioso del espacio final que tienen a su

disposición algunas de las principales economías, la formulación de programas de

estímulo eficaces y la manera de alcanzar la solvencia fiscal a mediano plazo, teniendo en

cuenta el aumento de la deuda y los pasivos contingentes.

Tercero, aunque los flujos de capital internacionales son beneficiosos en conjunto, es

necesario corregir los desequilibrios mundiales. Las autoridades deben hacer uso de

políticas macroeconómicas y estructurales para restablecer el equilibrio entre el ahorro y

la inversión en sus propias economías. Asimismo, deben aprovechar la regulación para

suavizar el riesgo sistémico derivado de los flujos de capital, por ejemplo imponiendo

restricciones a la exposición en moneda extranjera de las instituciones financieras

nacionales y otros prestatarios.

 

Las fallas de la cooperación internacional

Pese al peligro creciente, ni el FMI ni otras instituciones alertaron con urgencia a las

autoridades, ni promovieron una respuesta coordinada. Pero sería injusto omitir las

advertencias que sí se lanzaron. Por ejemplo, el FMI, entre otros, advirtió sobre las

concentraciones de riesgos en el sector financiero y en las perspectivas de un ajuste

desordenado de los desequilibrios mundiales. Pero todas las advertencias pasaron

inadvertidas, en parte porque no eran ni apremiantes ni específicas.

 

Las autoridades, por su parte, tampoco se comprometieron a actuar mancomunadamente

frente a las amenazas mundiales. Por ejemplo, a medida que la crisis entró en curso, la

primera reacción fue apresurarse a proteger los bancos locales, a riesgo de causar pánicos en

otros países.

 

Los planes nacionales de garantía de los depósitos son apenas un ejemplo de las numerosas

consecuencias imprevistas que ocurren cuando los países actúan unilateralmente, causando

luego problemas en otros países y agravando el impacto del problema.

 

En resumidas cuentas, la crisis pone de relieve la necesidad de transmitir mensajes más claros

a través de la adopción de políticas y de estrechar —y no diluir— la cooperación internacional

en una serie de temas económicos y financieros. De acuerdo con el análisis del FMI, es

necesario actuar en cuatro ámbitos.

 

 

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Primero, las advertencias sobre las políticas adoptadas deben ser más precisas y

específicas. El FMI está colaborando con el Foro sobre Estabilidad Financiera (FEF) en

una nueva prueba de alerta anticipada que nucleará las especializaciones macrofinancieras

y se concentrará en las amenazas más serias. A nivel más general, basándose en distintas

dimensiones macroeconómicas y financieras, esbozará un panorama general que también

tenga en cuenta los efectos indirectos transfronterizos.

Segundo, se necesita liderazgo para hacer frente a los riesgos mundiales sistémicos. Son

varias las organizaciones que pueden reclamar para sí ese papel —el FMI, el G-7 y el G-

20, el FEF, la OCDE— pero ninguna logró actuar con eficacia. El FMI tiene el mandato,

cuenta entre sus miembros a prácticamente todos los países del mundo y posee una

experiencia macroeconómica y financiera ideal para tomar la vanguardia frente a los

riesgos mundiales, pero como consecuencia de las trabas burocráticas y de la rigidez de su

estructura de gobierno el centro del debate se ha desplazado hacia grupos más pequeños y

más flexibles, como el G-20 y el FEF. Sin embargo, estos grupos más pequeños tienen sus

propios problemas de legitimidad y de capacidad de seguimiento. Una solución mundial

satisfactoria conjugaría experiencia, legitimidad y eficacia, y serviría de foro para las

autoridades máximas. El FMI puede ofrecer esa solución, pero para eso habría que

reequilibrar mejor la voz y la representación entre los países miembros, de modo que los

procesos decisorios reflejen con más fidelidad la realidad económica mundial de hoy.

Tercero, se necesitan reglas para la resolución de instituciones financieras

transfronterizas a fin de promover la colaboración, en lugar de soluciones que alivien la

carga del contribuyente local a costa de perjudicar a otros países.

 

Por último, se necesita un marco de liquidez mundial verosímil. El acceso a mecanismos

de financiamiento o seguros a gran escala sigue siendo problemático para la mayor parte

de los países de mercados emergentes. El FMI está reevaluando su marco crediticio para

cerciorarse de que sea adecuado para las necesidades de los países miembros. Si no puede

proporcionar los seguros necesarios, en el futuro los países podrían intentar recurrir al

autoaseguro mediante la acumulación de superávits y reservas, con el consecuente riesgo

de distorsionar durante años el comercio internacional.

 

De cara al futuro

 

Poner en práctica estas recomendaciones será tarea ardua, desde el punto de vista tanto

político como técnico. Sin embargo, la magnitud de la crisis pone claramente en evidencia la

importancia de aprender de los errores cometidos. Tampoco cabe subestimar el ímpetu actual

hacia acciones decisivas y soluciones duraderas. La cumbre que celebrarán los dirigentes del

G-20 el 2 de abril próximo será la primera oportunidad para lograr verdaderos avances.

 

“El programa de reforma es enorme y la gente lo abordará desde perspectivas a veces muy

diferentes, pero hay un verdadero deseo de encontrar soluciones mancomunadas. Confiamos

en que los análisis realizados por el FMI contribuirán a consensuar la manera de resolver estos

problemas comunes”, señaló Moghadam.

 

 

 

Boletín del FMI en línea

 

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